Un dia en Reclusion
Todos los días camino ese sendero, rápido, con miedo, tal vez porque fuera de esas paredes, existen hombres de uniforme, que protegen su interior. Hoy tuve que llegar y entrar… algunas otras veces lo hice, pero esta vez era diferente. Recorrí el camino lleno de puertas y cerrojos, miles de candados que nos llevaban hacia un lugar amplio donde se encontraban, ya, aquellas mujeres, mujeres como cualquiera, deseosas de lo que aquella mañana podrían ver, oler, estaban deseosas de amor, de atención, de un poco de libertad.
Entraban unas y otras, con sus brazos cruzados por la espalda, en fila, custodiadas, sometidas.
De una en una se acomodaban en aquellas hileras de sillas, que se habían traído exclusivamente para el festejo que se celebraría en honor a la familia, al reencuentro tan ansiado. De un momento a otro entraron las madres, los hijos, las tías, y si, uno que otro esposo o concubino, el llanto, la emoción no se hicieron esperar, entre lagrimas de alegría se abrazaban... los niños felices con sus madres... rieron y platicaron lo del día, lo de todos esos días sin verse, llore y lloramos todos, agradecidos por ese gran momento que se les brindo, que nos brindaron, entre cantos de trovadores desconocidos, incipientes grupos de teatro juvenil y palabras sentidas de los altos jerarcas , todos brindamos con refresco y aplaudimos la dicha ajena de aquellas mujeres que por azares del destino se encontraban ahí, recluidas.
Al final todo acabo, con el corazon oprimido vimos como se despedian, los niños lloraban, las madres otra vez eran separadas... seguia la realidad, su realidad... esperar de nuevo a que acabe su condena.
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Entraban unas y otras, con sus brazos cruzados por la espalda, en fila, custodiadas, sometidas.
De una en una se acomodaban en aquellas hileras de sillas, que se habían traído exclusivamente para el festejo que se celebraría en honor a la familia, al reencuentro tan ansiado. De un momento a otro entraron las madres, los hijos, las tías, y si, uno que otro esposo o concubino, el llanto, la emoción no se hicieron esperar, entre lagrimas de alegría se abrazaban... los niños felices con sus madres... rieron y platicaron lo del día, lo de todos esos días sin verse, llore y lloramos todos, agradecidos por ese gran momento que se les brindo, que nos brindaron, entre cantos de trovadores desconocidos, incipientes grupos de teatro juvenil y palabras sentidas de los altos jerarcas , todos brindamos con refresco y aplaudimos la dicha ajena de aquellas mujeres que por azares del destino se encontraban ahí, recluidas.
Al final todo acabo, con el corazon oprimido vimos como se despedian, los niños lloraban, las madres otra vez eran separadas... seguia la realidad, su realidad... esperar de nuevo a que acabe su condena.
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