El Touchdown del miedo
Las horas se diluyen entre tazas de café, un cigarro y una canción de Ottis Redding como fondo. La vista quiere encontrar en el horizonte un deseo perdido por el miedo que guardamos todos los distantes. Miedo que se acuña desde la niñez, desde la primera vez que olvido mamá nuestro cumpleaños, o el abandono paterno una tarde de evento escolar dónde representamos a algún personaje ficticio de algún cuento infantil. Ese temor va creciendo con nosotros se vuelve líneas finas en el libro de nuestra alma, va apoderándose de todas nuestras decisiones, de la gente que conectamos. Y poco a poco domina nuestros actos. No tenemos salida, se quedo con nuestro libre albedrío, define quienes somos, lo que hacemos y con quien lo hacemos. A veces luchamos, escapamos de él pero la huida es difícil, nos persigue y como jugador de fútbol americano nos tlackea cuando casi hemos dado el paso, la concreción se queda a medias, volvemos derrotados y no queda más que invitarle una cerveza al hijo de puta que está vez gano el juego.
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