Domingo

Los domingos fúnebres
Sueltos, llenos de vació
de niña moría en el sillón
un libro era mi acompañante

otras, solo contemplando la nada


Vejez prematura
contaba los segundos de una hora
recorría los espacios con la mirada
vigilaba la ventana en espera de algo

continuaba el letargo
el mundo me colapsaba
me perdia en el hastío
la compañía era adulta

sin brillo

abandonada

perdida en la inmensidad de la casa.



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