El diván de mi vida: Parte II

Hoy fue un buen día, discutí menos que ayer y la ansiedad me ha soltado un rato. Esta semana fue eterna, brincamos de la quietud a un estado de pánico constante. De pronto las cosas que tanto me agobian dejaron de tener sentido. Estoy escuchando a Miles Davis por enésima vez, él es lo único que me hace enfocarme en mis ratos de más distracción. Miro al refrigerador y veo que faltan víveres, tendré que salir. No lo niego, en mi mente existe un poco de temor a lo desconocido o ¿será que tanta información me hizo presa de ideas catastróficas? Posiblemente, pero tengo que salir, la comida no llega sola a tu casa, ni el dinero, que por estas épocas escasea. Las calles están muy solas, pocas personas, el tráfico igual, no hay muchos automóviles, se respira inquietud, temor. La gente camina y mira de reojo. Nadie se atreve a interactuar más de lo necesario. Algunos compran cosas de más, llenan sus carritos como si se tratara de algún concurso de ver quien lleva más cosas. Otros solo toman dos o tres alimentos. Trato de llevar lo necesario y ahorrar para no quedarme sin efectivo; el teléfono suena, son mensajes del trabajo, nos comunicamos así, tratamos de estar informados, para elaborar las pautas a seguir en esta contingencia. Buscamos reírnos a pesar de lo que sucede, sabemos que no es fácil, nada es fácil en estos momentos. Me gustaría saber el futuro, pero no, aún no tengo el don de la premonición. Solo puedo vivir un día a la vez, recuerdo que es 20 de marzo cumpleaños de mi tío recién fallecido, lo recuerdo con su larga barba y su cabello rizado, no lo lloré lo suficiente creo que muy poco, aún no creo que ya no esté, prefiero recordarlo llegando de visita con su mochila y sus tubos llenos de serigrafías, prefiero pensar que cualquier día regresa y me dice "Lupita" dándome un beso, raspandome el cachete con su barba. 

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