El hombre que nadie entendía. Parte II

El autoestop no es algo común en ese pueblo. El hombre de ojos grises decidió caminar. Era una larga carretera solitaria cubierta de árboles gigantes, pasto y musgo. Se respiraba un olor húmedo, sofocante para quien tiene alergias o asma. Estaba nublado, había un ligero rocío incesante. Iba tranquilo, canturreando una canción que escuchó hace tiempo cuando un extranjero visitó el pueblo, llevaba un Cadillac de los 70s, era un hippie, tenía la intención de hacer una comuna pero como los habitantes no eran nada amable con lo raro o peculiar, solo estuvo de paso por unos días, dejando una estela de música groovie y olor a marihuana.

 Pensaba en todo lo que podría encontrar a su paso, desde animales salvajes, hasta criminales desquiciados. Era la primera vez que salía de su tierra. Miro al horizonte, se podía ver a lo lejos una casa o algo parecido, posiblemente era un pueblo cercano.

Antes de que anocheciera llego aquel lugar, fue hasta el sendero que llevaba a la entrada, al hacerlo, vio un pedazo de madera colgado de un árbol, había unas letras en un idioma que el desconocía. Sonrió mientras pensaba que la gente de su pueblo se sentían de la misma forma que él en este momento al no entender nada de lo ahí escrito.

Siguió, era un lugar enigmático. Vio a un hombre alto con una túnica obscura, con una soga amarrada a la cintura, parecía un monje, algo así, como en los monasterios antiguos. Se aproximó hasta donde estaba y le dijo buenos días. El hombre de túnica lo miró con un semblante calmo, pero triste. Con la mano le hizo una seña para que lo siguiera. Y así lo hizo, entraron a una casa con grandes puertas de roble, una escultura de un soldado antiguo coronando el medio del lugar, se podía ver en el fondo un pequeño altar, velas y flores. Un penetrante olor a incienso impregnaba aquellas paredes.

Se sentó aquel monje en una mesa, saco de una de las bolsas de su túnica lápiz y papel, lo vio como escribía unas líneas, al terminar le extendió la hoja para que la leyera, presuroso la tomo y para su sorpresa entendía lo que decía el papel: "En este lugar veneramos el silencio, si quieres aprender a escucharlo eres bienvenido, si al contrario buscas el ruido, puedes seguir tu camino".

Continuara...

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