El diván de mi vida. La ansiedad y yo.
Tenía una gatita llamada Coco, era Blanca y callejera, la encontré un día vagando por las calles, le dimos de comer la acariciamos y le dimos amor, ella a cambio dormía en mi cabeza todas las noches. Leí por ahí que el gato se posa donde más necesitas ayuda. Ahora comprendo que me estaba haciendo un llamado a mi salud mental. Estos días han sido confusos, no me he puesto a pensar más allá del momento que vivo. La razón es obvia, no se a donde va parar mi mundo y el de los demás. Me he dedicado a limpiar espacios, hacer quehaceres del hogar, leer, ejercicio y escribir. Voy llevándola tranquila exceptuando el día que por fin dejé de ir a trabajar, estaba viendo televisión y de pronto sentí una opresión en el pecho, una sensación caliente de asfixia, lo primero que pensé es que iba morir, si morir. Corrí gritando que me llevaran a urgencias, y veía como mi familia se preocupaba, fue que empezó a bajar esa presión. Me acababa de dar un ataque de pánico. Increíble, muchas veces piensas que tienes todo bajo control y no es así. Mi cuerpo se desconectó de mi cabeza por espacio de 15 minutos y kaboom todo el estrés de una semana invadida de Toc mundial me asaltó. Hoy estoy tranquila, estudiando el temita del estrés para estar preparada si me vuelve a ocurrir. No hay receta mágica, simplemente es aprender a conocer tus emociones y no disfrazarlas de heroísmo o de fortaleza. Todos somos vulnerables, todos podemos tener debilidades.
Ahora escucharé música rock de los 80s tratando de conciliar el sueño, apagando mi cerebro para poder olvidar que mañana será otra batalla contra mi mente. Buenas noches...
Ahora escucharé música rock de los 80s tratando de conciliar el sueño, apagando mi cerebro para poder olvidar que mañana será otra batalla contra mi mente. Buenas noches...
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