El club


Estaba viendo por una ventana, de pronto me remonte cuando fui niño, la vida era tan fácil, no como hoy, la vida adulta es una cadena de responsabilidad tras responsabilidad, deudas y cosas que pagar. No tenía un tiempo exclusivo para mí, el trabajo me dejaba exhausto, así que me invente una cita ilusoria con un terapeuta, el cual solo existía en mi mente, este tiempo lo utilizaba para perderme en alguna banca de la ciudad y solo divagar, zambullirme en mis pensamientos, nadarlos y exprimirlos.  Durante esas escapadas conocí a un hombre, no era mayor pero estaba cerca de serlo. Me miro mientras pasaba por mi banca, recuerdo que sus ojos eran muy agudos, invasivos, como queriendo hurgar en tus sesos.  Me pregunto si podía acompañarme, yo asentí con la cabeza. Se presentó, me dijo su nombre, era Damián. En mi cabeza  asocie aquel nombre con el del anticristo, en aquella película La profecía, sonríe para mis adentros, mientras lo observaba con detenimiento. Justo en ese momento el me proponía unirme a un pequeño club de amigos que al igual que yo necesitaban un escape de la realidad diaria.  ¿Será divertido? - Dijo mientras sonreía.

Me dio un papel donde venían los datos y venia un pequeño anexo que era como un recibo en ese recibo yo debía poner mi nombre, edad, firma y no sé qué más, me dio pereza leer todo el documento, venían unas letras muy pequeñas, y mi ceguera prematura no me permitió distinguir muy bien lo que ahí decía. En fin tonterías sin importancia. Damián se despidió y yo seguí en mi banca.

Al llegar a casa, me desplome en la cama y dormí de un tirón.

Los sueños son maneras que tiene el inconsciente de mostrarnos a manera de signos y formas, soluciones o problemas. Nos permite desmenuzarlos y a otros les permite ver el futuro.

Era viernes, la reunión era ese día en punto de las 9 de la noche ni un minuto más ni un minuto menos.  

No sé porque pero me esmere en mi atuendo, quería dar una buena impresión.  Coloque unas mancuernillas de plata en forma de serpiente que había comprado en una tienda de antigüedades, me parecían misteriosas, hablaban de un tipo silencioso pero letal – Me carcajee frente al espejo- ¡Eres un imbécil!- auto insultarme era mi deporte favorito. Recorrí el pasillo, tome las llaves, apague las luces y me dispuse emprender mi pequeña aventura.

En la acera se podían ver varios autos estacionados, todos de marcas recientes, esto me indicaba yo era el único pobretón entre todos esos hombres. En fin, proseguí hasta la puerta, al entrar confirme que si, efectivamente yo era el más pobre de todos aquellos hombres, que por sus ropas eran no menos que ricos.

Sus rostros eran atemorizantes, en cuanto entre por aquella puerta todos me veían intrigantes, retorciendo sus bigotes, empuñando sus bastones cual báculos. Unos sonreían con un aire cínico. Un grupo muy variado pero muy extraño.

Todos comenzaron a saludarse, se daban la mano, y exclamaban sus nombres, en eso entro Damián y me tomo del brazo me llevo en medio del salón y me presento abiertamente con todos, al unísono me dieron la bienvenida, y se dispuso todo para empezar con la reunión.

Uno de aquellos hombres comenzó a caminar hasta el centro del salón, observo su derredor, sus ojos centellaban, traía un pequeño Abaco, el cual agito y con sus dedos uno a uno deslizo los círculos negros.

Profirió unas palabras casi inaudibles, y dijo: - El juego de hoy, está marcado-

Intrigante, mire con atención sus movimientos, pensé que era un juego, o una dinámica grupal tonta, aquello era algo que estaba más allá de mi imaginación.

Inicio levantando su mano, para luego decir en voz muy alta – Sus deseos son realizables, hoy estamos aquí para mostrarnos tal cual somos, no teman amigos, el miedo no se encuentra en este lugar-

Abracen sus más oscuras manifestaciones del inconsciente, ¿Que harían si estuviese permitido todo? Es más ¿a qué se atreverían? ¿Qué oscuro pensamiento estarían dispuestos a manifestar?

Para este momento yo estaba abrazando mi miedo y claramente no entendía nada.

Lo que si entendía era que ninguno de ellos estaba dispuesto hablar, y que en sus rostros se reflejaba temor.

Las almas esconden muchos secretos, la luz del día no percibe todo lo que ocultamos. En ciertos lugares acompañados de la noche, manifestamos esos deseos, algunos son inofensivos, inocuos, pero en cambio existen seres que tienen fascinaciones negras, prohibidas, tortuosas.

¿Quién será el primero en compartir con el grupo?

Nos miramos como preguntando ¿serás tú? o ¿tu?

Nadie daba un paso al frente, se estaba volviendo un poco aburrido todo esto, ¿sería que todos eran tan cobardes de no decir algo tan sencillo como una mentira?

La cuestión era continuar con el maldito juego, mi curiosidad era mas fuerte que cualquier miedo, así que, di un paso al frente y exclame:

- Secretamente he deseado matar personas desconocidas y sepultarlas en cualquier lote baldío –

(Eran solo mentiras, fue lo primero que se me ocurrió y que mi juicio dictamino como terrible)

-         Muy bien - , dijo Damián, y dime, si yo te propusiera que un día cualquiera salieras por esa puerta y efectivamente mates a un desconocido, pero asegurándote que nadie sospecharía de ti, y que tus huellas serían cubiertas. ¿Lo harías?
-         ¡Claro! – grite estúpidamente.
-         Ni siquiera estaba consciente de lo que mis palabras estaban decretando.

Aquellos hombres me miraban sonrientes, malévolos, cómplices.  

Me llego a la mente que este tipo Damián me había dado una hoja en la que yo le describía mi persona, incluso la firme, en un segundo mi mente comenzó a ver cada una de las palabras que decía aquel papel: obligación, deber, sangre, promesa…

¡Por todos los cielos ¡ ¡Que estupidez hice!


Continuara...



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