El club III
Se manifestaron ante mí los miedos más profundos, nadie sabe de infiernos hasta que no atraviesa el propio. Permanecí de pie por mucho tiempo, mis ojos se estaban acostumbrando al color del alba, este naciente día sería igual que el anterior posiblemente. Mis dedos se alargaban como queriendo alcanzar mi perdida libertad, esa sensación que tienen muchas personas sobre decidir su destino, sobre que comer, a donde ir e incluso conseguir pareja. Pero eso para mí ya no existía, la noche que acudí aquel club se acabó todo, mi vida colapso y estaba al borde de un precipicio esperando la última patada para caer al vacío. ¿De verdad podría sobrevivir? El timbre del teléfono me saco de mi letargo, me quede catatónico, sonaba una y otra vez, mi mano se estiraba y se contraía. El tomar el auricular significaba mi sentencia de muerte. Pero, aun así sentía que tenía que contestar, acabar de una vez por todas con esta tortura, debía hacerlo, debía... Tome el te...