Donde el alba comienza, ahí mis ojos se duermen, las líneas de la carretera amarillas, largas, inmensas. Estas más allá del mar gris, una nariz aguileña es tu morada, mientras mis pasos son tan pequeños, tan circulares. Ver lo lejano me hace olvidar el encuentro, nada podría ser tan imposible como este deseo. Mientras desdibujo tu figura en una servilleta, el carbón de este lápiz es muy ligero, las líneas casi transparentes, voy trazando tus ojos, tus cejas, eres un recuerdo de otra vida, o quizás de un sueño que tuve de niña. Nadie entiende la madeja que llevamos en los sesos, solo te miran como a cualquier poste de luz, pasan de largo sin comprender nada. Así pasamos todos por el mundo, pocos analizan el fondo de las cosas, pocos logran ver lo que el otro lleva a cuestas. 

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