Solía ver el cielo
Imaginaba otros mundos
De esos mundos aparecias
Eras un caballero lejano
De armadura de hierro
Tenias el rostro cubierto
Y tus manos cargaban
Una llave mágica
Que abría lugares
Embrujados
Encantados
Viajabas seguido
Por horizontes perdidos
Donde los soles eran grises
Y el mar índigo
Tu camino era el del errante
Pero un día, decidiste parar
Tus pies cansados, se postraron
En mi puerta, pedías cobijo
Tomaste mi mano
Dejando la llave
Guardando silencio
Quitaste tu armadura
Mis ojos vieron tu rostro
Desde ese día eres mi guardián
Y yo tu hechicera.
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