Vamos buscando dentro,
muy dentro hasta las entrañas, hurgando entre vísceras, sangre, bilis y carne. Tomemos un bisturí
imaginario, abramos el abdomen, la cabeza, diseccionemos lo que pesa, lo que
seca. Aquello que no nos deja dormir. Tómalo entre las manos, obsérvalo, tócalo. ¿Lo tienes? ¿Cómo es? ¿Porque duele? ¿Aún
respira?
Unas veces el alma se
crea un cuerpo dentro del cuerpo, y ese pequeño cuerpo herido, debe ser tratado
a consciencia por nuestras propias manos. Debemos limpiar, acariciar y darle respiración de
boca a boca. De no hacerlo se corre el riesgo de que se adhiera tanto a
nuestros órganos que simplemente un día dejen de funcionar uno a uno.
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