Recuerdos de un viaje astral
Las luces se encendieron, el pequeño escenario estaba dispuesto a recibirlos. Un pollo de juguete era el centro de atención. El público expectante al escuchar al anfitrión presentar a la banda, lentamente comenzaron a entrar a ritmo de una melodía graciosa y saltarina. Uno a uno tomó su lugar y comenzó algo que hasta este momento no logró descifrar si fue un sueño, una hipnosis o un viaje astral. Sonidos potentes, ritmos mezclados de oeste, desierto, ciudad. La destreza de aquellas guitarras, combinadas con una batería magistral, llevaron a todos los ahí presentes a una inmersión colectiva a lugares y fechas elaboradas para que en ese momento no hubiera resistencia y al unísono nos elevaramos entre su música. La batería era un punto focal, un solo que duró aproximadamente media hora, en la que las manos de aquel prestidigitador eran centellas, llevándonos a un estado catatónico de éxtasis musical. Finalmente todo acabó, despertamos, volvimos a la realidad. Pero aún queda esa sensa...