Entradas

Mostrando las entradas de marzo, 2020

El hombre que nadie entendía. Parte III

Y entonces miro lentamente todo lo que le rodeaba y decidió quedarse, aprender de aquel hombre ermitaño, recorrer esa casa, tocar esos árboles, perder su vista en la inmensidad del cielo abrir su inconsciente al silencio. Quizás dentro de ese estudio comprendería el porqué de su desventura. Pasaron días de contemplación, noches de aislamiento, cada uno en sus aposentos, escuchando a los grillos, al búho a los lobos. Las hojas en otoño caían ligeras sobre la tierra, el lenguaje del sauce era como un silbido, se estremecía al ver las puestas de sol, aprendió a escuchar el silencio. El viejo monje le dio un pequeño libro de notas, en el escribía todo lo que iba captando, al cabo de unos meses había llenado completamente aquel diario. Una mañana, mientras veía el reflejo de su persona en un arroyo, noto como su cara había cambiado, parecía más placida, menos endurecida; aunque era joven la convivencia con seres que lo trataban de manera hostil lo volvió un poco amargado, viej...

El hombre que nadie entendía. Parte II

El autoestop no es algo común en ese pueblo. El hombre de ojos grises decidió caminar. Era una larga carretera solitaria cubierta de árboles gigantes, pasto y musgo. Se respiraba un olor húmedo, sofocante para quien tiene alergias o asma. Estaba nublado, había un ligero rocío incesante. Iba tranquilo, canturreando una canción que escuchó hace tiempo cuando un extranjero visitó el pueblo, llevaba un Cadillac de los 70s, era un hippie, tenía la intención de hacer una comuna pero como los habitantes no eran nada amable con lo raro o peculiar, solo estuvo de paso por unos días, dejando una estela de música groovie y olor a marihuana.  Pensaba en todo lo que podría encontrar a su paso, desde animales salvajes, hasta criminales desquiciados. Era la primera vez que salía de su tierra. Miro al horizonte, se podía ver a lo lejos una casa o algo parecido, posiblemente era un pueblo cercano. Antes de que anocheciera llego aquel lugar, fue hasta el sendero que llevaba a la entrada, al hac...

El hombre que nadie entendía. Parte I

De pronto se me ocurrió una historia, algo en que ocupar mi mente en esta cuarentena. Así que tomé mi computadora y comence a escribir....era la historia de un hombre de mediana edad, alto de ojos grises, su mayor conflicto era el entendimiento, si, el entendimiento; desde niño su forma de hablar era un poco distinta que las demás personas que habitaban su pueblo. A medida que crecía, se iba haciendo más complicado el darse entender. Si decía "Gracias" entendían una blasfemia, le gritaban: ¡Es un majadero!, ¿oyeron lo que dijo? ¿Quién entiende a este pelmazo? Puesto que esto sucedía con gran frecuencia, sus salidas eran muy escasas, no era muy agradable hablar con el tendero y que este entendiera que en lugar de papas pedía que lo agarrara a trompadas. Que decir de los niños, solo se burlaban de él, y repetían lo que los mayores decían: ¡Eres el más raro de los raros! Asi siguió creciendo, su lenguaje igual, ahora no solo entendían groserías si no que proferia palabras...

El diván de mi vida: Parte II

Hoy fue un buen día, discutí menos que ayer y la ansiedad me ha soltado un rato. Esta semana fue eterna, brincamos de la quietud a un estado de pánico constante. De pronto las cosas que tanto me agobian dejaron de tener sentido. Estoy escuchando a Miles Davis por enésima vez, él es lo único que me hace enfocarme en mis ratos de más distracción. Miro al refrigerador y veo que faltan víveres, tendré que salir. No lo niego, en mi mente existe un poco de temor a lo desconocido o ¿será que tanta información me hizo presa de ideas catastróficas? Posiblemente, pero tengo que salir, la comida no llega sola a tu casa, ni el dinero, que por estas épocas escasea. Las calles están muy solas, pocas personas, el tráfico igual, no hay muchos automóviles, se respira inquietud, temor. La gente camina y mira de reojo. Nadie se atreve a interactuar más de lo necesario. Algunos compran cosas de más, llenan sus carritos como si se tratara de algún concurso de ver quien lleva más cosas. Otros solo toman do...

El diván de mi vida: Autoanálisis parte 1

Necesito escribir, este pánico colectivo me volverá loca. Cuando veía las series de ciencia ficción o las películas apocalípticas, nunca me imaginé que viviría una situación similar. La información crece y crece, ya no sé si informan o solo aterrorizan, el estado general es de miedo, conjugado con crisis económica y desazones políticas. El hombre se ha vuelto un rehén permanente del sector poderoso, perdiendo identidad, raciocinio, una decadente mezcla de homínido y zombie. Mi deseo interno es salir corriendo, irme lejos (de preferencia a otro planeta). Todo se ha vuelto peligroso, no somos libres, creemos serlo, pero realmente ¿quién tiene el poder de tu vida? No sé si estas sean las ultimas líneas que escribo, si solo sea la antesala de un gran epitafio o de una gran historia. Escribir es mi único escape, una salida a este gran desastre. Leí hace poco una frase que daba la bienvenida a Marzo, me pareció algo premonitorio, algo predestinado, decía así: "Entrad...

Apocalipsis... ¿Hoy?

El papel higiénico aterriza, el suelo está lleno de ellos. La gente corre por los pasillos, presurosos, sudorosos. La fiebre amarilla quema los ojos, colapso económico. Gritos en Wall Street, guerra de monitores, balas de alarma, te acribillan a diario. Las fuentes se distorsionan:  “El mundo no es un lugar seguro” “Viaje a marte, el futuro en bienes raíces ” Nos enfilamos, alienados, cabeza abajo, directo al borde, directo al barranco Zumbando tus oídos, abejas digitales. Se derrama el petróleo por los rascacielos. El transporte más cercano pide tarjeta de crédito. Mercados racionados, mientras los pobres mendigan mendrugos de pan. Te mandan a trabajar a casa, conflictos. Familia disfuncional no funciona. La selva se enjaulo por motivos técnicos, Los doctores recomiendan guardar los cuchillos con candado. Vamos pasando todos por un filtro, entre sano e insano, ya no ...

XX

Cuando la tarde cae, siento un vago sabor a ti Esa punzada en el pecho, ese apretón de manos El calor que se trasmina del subterráneo vivimos en una ruleta, en un juego mecánico girando furiosamente, algunos caen, otros saltan muchos salen disparados en el aire nada es lógico, nada es coherente la concentración se pierde, el pensamiento se vuelve tangencial. Podemos vivir en un sueño,  podemos crear nuestra realidad. Los giros del tiempo atraviesan la razón, desdibujan tu rostro, caen rizos de cabello, como hojas de otoño en el suelo, aquella sonrisa infantil, todo se vuelve espeso ¿me podrías comprar aquel unicornio? todas las veces que escape era porque queria que fueras por mi.

Dilema verbal

No puedo ir no dejan ir ¿dónde ir? ir es la única palabra porque ir, sin ir ¿para que ir? De donde soy, no se va se queda, ir es un verbo en desuso porque si voy sin ir, ¿para que ir? ¿ir por ti, o no ir? ¿a que voy, si tu no vienes? ir sin que vayas es no ir ¿Irías? ¿iré? ¿Iríamos?

Ataque de pánico

A continuación una breve narración sobre lo que siente un paciente con ataques de pánico.- Shorty Rheinbold.- Sentado en la sala de espera del consultorio médico, Shorty Rheinbold debería haber estado relajado. La iluminación era suave, la música, tranquilizante; el sofá en el que estaba sentado era cómodo. Los peces ángel nadaban lentamente en su pecera de cristal reluciente. Pero Shorty no se sentía para nada tranquilo. Quizá era la recepcionista; se preguntaba si ella estaba calificada para atender alguna urgencia que derivara de su problema. Su aspecto era un poco como el de un tejón, con su hoyo detrás de la computadora. Desde hacía varios minutos, con cada latido de su corazón se iba sintiendo peor. Su corazón era la clave. Al principio, cuando Shorty se sentó, ni siquiera lo había notado: latía en silencio haciendo su trabajo dentro de su pecho. Pero entonces, sin aviso previo, había comenzado a demandar su atención. Primero sólo se había saltado uno o dos latidos,...