El hombre que nadie entendía. Parte III
Y entonces miro lentamente todo lo que le rodeaba y decidió quedarse, aprender de aquel hombre ermitaño, recorrer esa casa, tocar esos árboles, perder su vista en la inmensidad del cielo abrir su inconsciente al silencio. Quizás dentro de ese estudio comprendería el porqué de su desventura. Pasaron días de contemplación, noches de aislamiento, cada uno en sus aposentos, escuchando a los grillos, al búho a los lobos. Las hojas en otoño caían ligeras sobre la tierra, el lenguaje del sauce era como un silbido, se estremecía al ver las puestas de sol, aprendió a escuchar el silencio. El viejo monje le dio un pequeño libro de notas, en el escribía todo lo que iba captando, al cabo de unos meses había llenado completamente aquel diario. Una mañana, mientras veía el reflejo de su persona en un arroyo, noto como su cara había cambiado, parecía más placida, menos endurecida; aunque era joven la convivencia con seres que lo trataban de manera hostil lo volvió un poco amargado, viej...